La libertad de las mentiras

 

 

El pasado 7 de enero el Presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador, dedicó parte de su conferencia matutina “La Mañanera”, a criticar la decisión de la plataforma de microblogging “Twitter”, luego de que ésta borrara algunos mensajes y después bloqueara la cuenta oficial de Donald Trump, Presidente de Estados Unidos de América; en donde calificaba a las elecciones de su país como fraudulentas e incitara a los disturbios que parte de sus seguidores realizaron en el Capitolio.

Dicha acción, según consideró el presidente de México, va en contra de la libertad de expresión y la manifestación de las ideas, calificándola de “censura”; por lo que declaró que extendería su queja ante los líderes de los países más desarrollados del mundo en la próxima reunión del G20.

La decisión de la plataforma Twitter, por su parte, está basada en sus más recientes políticas para usuarios. Y ciertamente, emite una serie de amonestaciones y bloqueos hacia contenidos que consideran intentos deliberados de desinformación, hechos no corroborados, o bien falsas noticias “Fake News”; sobre todo cuando afectan temas tan sensibles como el de la pandemia del Covid-19, que sigue causando miles de muertes en todo el mundo y que no ha estado exenta de teorías de conspiración.

Twitter realizó la misma acción en contra de la ex-reina de belleza mexicana, actriz y conductora de TV, Patricia Navidad, recientemente célebre por publicar en sus redes sociales una serie de afirmaciones conspirativas sobre la creación de un supuesto nuevo orden mundial, asegurar que el Covid-19 no existe, y por expresar que las vacunas eran una herramienta usada por las élites políticas y económicas para mantener bajo su control a la población mundial.

La defensa del presidente Andrés Manuel López Obrador, hacia la “libertad” del Presidente Trump por “Twittear” información falsa (lo cual fue verificado y notificado antes de borrar sus tweets) llama la atención de varias maneras. La primera de ellas es el propio entendimiento que tiene el presidente sobre lo que “es” y “no es” verdad, según quién lo diga y la libertad que tiene para hacerlo. Recordemos que él mismo ha criticado fuertemente a quienes han manifestado ideas contrarias a sus políticas de gobierno o a las aseveraciones que realiza todos los días en su conferencia matutina.

También está el asunto de que tomar el rol de abogado del diablo ante los líderes mundiales para defender la libertad de expresión, usando a Trump como ejemplo, puede resultar en una misión innecesaria y de poca o ninguna ganancia política. Eso sin mencionar las implicaciones directas que tendrían en la relación con el presidente electo de EEUU: Joe Biden.

Como se vea, la defensa de la libertad de expresión usando el conflicto Trump-Twitter, y poniéndose de lado del primero, trae muy pocos dividendos para las relaciones exteriores de México. Pero deja abierta la puerta a pensar que, quizás, nuestro presidente no es tan “good hombre” de Trump como creemos; sino que en esta situación está viendo también una posible amenaza a sus propias afirmaciones, calificativos y argumentos, con los que construye diariamente su discurso político. Todo lo que podría ahora pasar también por la lupa de verificación de una plataforma en donde las discusiones políticas están a la orden del día y que está optando por resumir aún más su política de uso a más hechos con menos palabras.

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