Durante un conversatorio en la Facultad de Historia, investigadores abordaron los efectos del desarrollo industrial sobre comunidades y advirtieron riesgos ambientales y culturales en el norte de Sinaloa.
Culiacán, Sinaloa.— Académicos de la Universidad Autónoma de Sinaloa analizaron el impacto que pueden generar los proyectos industriales sobre territorios indígenas y tomaron como referencia el conflicto socioambiental de la Bahía de Ohuira, en el norte de Sinaloa.
El tema fue abordado durante el conversatorio “12 de octubre: Celebremos la interculturalidad, un acercamiento a nuestra identidad”, organizado por la Facultad de Historia de la UAS.
Durante su participación, Stephanie Cortés Aguilar expuso el caso de la Bahía de Ohuira y la instalación de una planta de amoníaco, proyecto que ha generado oposición de integrantes de comunidades Mayo-Yoreme y sectores vinculados con la pesca.
La investigadora destacó la importancia ambiental del sistema lagunar, reconocido como sitio Ramsar, así como su función económica y social para familias que dependen de la actividad pesquera.
Explicó que, desde la cosmovisión yoreme, el territorio no se concibe únicamente como un recurso natural, sino como un espacio vivo, con sitios sagrados, memoria y una relación comunitaria construida a lo largo de generaciones.
Cortés Aguilar también señaló posibles riesgos relacionados con la operación industrial, entre ellos cambios en la temperatura del agua por descargas y las consecuencias que podría tener una eventual fuga química para comunidades cercanas.
Por su parte, Rafael Santos Cenobio abordó conceptos de colonialismo y neocolonialismo y sostuvo que las condiciones de marginación de los pueblos originarios continúan presentes pese a distintos procesos históricos del país.
El académico retomó el concepto de “colonialismo interno” para explicar la persistencia de desigualdades hacia comunidades indígenas y cuestionó que el reconocimiento legal de la diversidad no siempre se traduzca en respeto efectivo a sus decisiones territoriales.
Asimismo, planteó que determinados modelos económicos reconocen formalmente la multiculturalidad, pero entran en conflicto con comunidades cuando éstas se oponen a proyectos que consideran perjudiciales para sus territorios.
El encuentro concluyó con un llamado a que la interculturalidad se traduzca en mecanismos efectivos de respeto a la autonomía, la cosmovisión y la participación de los pueblos originarios en decisiones relacionadas con sus territorios.



