“Sinaloa: un año bajo la sombra de la violencia”

En calles, plazas y comunidades, la población vive entre el silencio impuesto por el miedo y la esperanza de que la violencia algún día cese

 

Este 9 de septiembre se cumple un año desde que la captura y entrega de Ismael “El Mayo” Zambada detonó una sangrienta guerra interna en el Cártel de Sinaloa, un conflicto que transformó de raíz la vida en el estado y que mantiene a la sociedad bajo un clima de miedo, incertidumbre y violencia sin precedentes.

Las cifras son demoledoras. De septiembre de 2024 a agosto de 2025 se registraron más de 1,600 homicidios, lo que significa un promedio de cinco personas asesinadas cada día. Junio de este año quedó marcado como el mes más sangriento en más de una década, con 207 ejecuciones. En varias jornadas se contabilizaron hasta 30 muertes violentas en un solo día, con escenas de brutalidad que dejaron cicatrices imborrables en la población.

El drama se extiende a las desapariciones: en apenas nueve meses, 1,862 personas fueron reportadas como no localizadas, de las cuales casi la mitad corresponden a Culiacán y su zona metropolitana. Para los colectivos de búsqueda, la situación ya no es sólo un problema de seguridad: es una crisis humanitaria que amenaza con desbordar las capacidades del Estado.

La respuesta del gobierno federal fue el despliegue de más de 11 mil militares en territorio sinaloense. Sin embargo, el estado enfrenta una grave debilidad en su fuerza policial: apenas 0.33 elementos por cada mil habitantes, muy por debajo de los estándares internacionales.

Los operativos han dejado cifras significativas: 1,500 detenidos, más de 3,000 armas decomisadas, 53 toneladas de drogas aseguradas y cientos de laboratorios clandestinos destruidos, especialmente en la zona serrana. Pese a estos golpes, la violencia no disminuye, lo que ha alimentado la percepción de que las estrategias oficiales no están resolviendo el problema de fondo.

La guerra interna no sólo se mide en muertos y desaparecidos. También golpea a la economía local: en Culiacán han cerrado más de 600 negocios formales y muchas familias han optado por abandonar sus hogares. El desplazamiento forzado, antes asociado a las zonas serranas, ahora también alcanza a colonias urbanas, donde el miedo y la extorsión paralizan la vida diaria.

Hoy, un año después del inicio de la guerra, Sinaloa permanece atrapado en un escenario de horror cotidiano. La militarización, la fragmentación de las organizaciones criminales y el repunte de asesinatos y desapariciones dibujan un panorama sombrío.

En calles, plazas y comunidades, la población vive entre el silencio impuesto por el miedo y la esperanza de que la violencia algún día cese. Sin embargo, para muchos, la paz parece cada vez más lejana, como un espejismo que se desvanece entre balaceras, levantones y familias rotas.

 

Ahome