El azote de la drogadicción lo convirtió en “Terrorista del Hogar” y gracias la voluntad de Dios, se logró restaurar para servir a los demás.
Los Mochis.- Una de las tradiciones nos enseña a no medir el tiempo en sobriedad, para evitar tormentos y cuidar nuestra fragilidad, pero hace ya un tiempo, Rubén tomó la decisión y buscó su alma restaurar, con un par de procesos de internamiento fallidos sobre su espalda, su conciencia a su remordimiento hacía despertar, y con el control de mi vida perdido una vez más, a causa, de perder el control de su existencia, su destino navegaba por aguas de ingobernabilidad.
En un punto de quiebre de sus días, la familia, amigos de Rubén y una pizca de la sociedad, tomaron por asalto el barco de sus decisiones y con timón certero lo llevaron al puerto llamado “Serenidad”, donde los moradores de esa tierra extraña, lo recibieron con amor y cariño fraternal. Agradecido hoy está con Dios, con esa familia que lagrimas lloró, y a esos amigos y les dice: “Ahora me toca servir, para vivir”.
Durante ese viaje de restauración, tuvo oportunidad de conocer personas nuevas, de asumir responsabilidades que jamás habría pensado desenvolver.
La Rosa de los Vientos, puso en su horizonte la fértil llanura de la Serenidad, donde aprendió a dejar las aguas en las que no debería volver a navegar, con Fuerza asumió el rumbo de la brújula, empinó hacia mar adentro, atravesó tormentas, y con fulgor la Sabiduría llegó a su mapa de navegación.
La marea trajo a su playa, y simulando un viejo naufragio, los restos de su navío que naufragaron, sin darme cuenta de nada, a su vida, la confianza perdida retornaba, como esa barcaza que hundida las olas regresan a casa.
Fue así, como asumió roles de apoyo a la dirección del centro de rehabilitación donde Rubén fue rehabilitado, miró de cerca y al revisar expedientes de sus “camaradas”, con servicios de 8 meses, comprendió y aprendió como los corazones y almas son restauradas.
Buscó la certificación de Consejero en Adicciones, pretendió también convertirse en psicólogo social, sueños que por destrezas de la vida, terminaron llevando sus tareas a otros rumbos y direcciones, logrando abrir la Clínica “Esperanza y Vida A. C.”, y con la ayuda de sus amigos Silvestre Urías y Jesús Alberto Urías Sandoval, fue como abrieron ese “portal” consagrado para que otros enfermos, ingresen al terreno de la también llamada salud emocional.
Hoy después de dos años, días de lágrimas y de alegrías, de mucho esfuerzo y sacrificio, la clínica contra las adicciones #ESPERANZAYVIDA A. C. Es toda una realidad, la cual está al servicio de nuestros usuarios, que como nosotros buscan retomar el camino del bien y servir con amor ✌️.
Carta para un amigo
De: Caín “El Amigo del Pueblo”
Para: Rubén Gildardo Peña

