La iniciativa, impulsada por la inquietud personal de Jairo Pérez Ceceña, utiliza los girasoles como eje central para que niñas, niños y adultos conozcan el esfuerzo del c ampo y valoren la labor agrícola que sostiene los alimentos que llegan a la mesa.
Los Mochis, Sinaloa.- Bajo el sol y entre surcos recién sembrados, comienza a tomar forma un proyecto que no solo apuesta por el turismo, sino por recuperar el vínculo entre las personas y la tierra.
Detrás de esta iniciativa está Jairo Pérez Ceceña, quien ha convertido una parcela agrícola en algo más que un espacio de producción: un lugar pensado para abrirse al público y contar la historia que hay detrás de cada alimento.
Mientras las plantas crecen ordenadas sobre los surcos cubiertos, el campo en el ejido Ricardo Flores Magón se prepara para recibir visitantes. No será un recorrido tradicional, sino una experiencia donde el visitante podrá caminar entre cultivos, observar el proceso agrícola y entender el esfuerzo que implica llevar productos a la mesa.
En realidad, se trata de un espacio cuidadosamente planeado: una superficie de alrededor de media hectárea dedicada a flores, donde el girasol será el protagonista principal, con tres distintas variedades sembradas para ofrecer un paisaje diverso. A esto se suma una pequeña área con otros tipos de flores que complementan la experiencia visual y natural del recorrido.
La idea, explica Pérez Ceceña, surgió de una inquietud personal: acercar a niñas, niños y familias a un entorno que cada vez les resulta más lejano. En lugar de ver el campo desde fuera, propone vivirlo, recorrerlo y comprenderlo.
En el terreno ya se percibe el trabajo previo: filas perfectamente alineadas, sistemas de siembra cuidados y un entorno que poco a poco se transformará en un corredor natural, pensado no solo para admirarse, sino para aprender de él.
Al crecer, se convertirá en un tapiz ordenado de color, donde las hileras que hoy se ven como líneas negras y tierra preparada darán paso a filas densas de girasoles, todos orientados hacia la luz, creando ese efecto uniforme y “de postal” que suele ser muy buscado para fotografía.
Las tres variedades de girasol jugarán un papel clave: no será un campo plano, sino con ligeras variaciones en altura, tamaño y tonalidades de amarillo, lo que le dará profundidad visual al recorrido. Esto hará que, conforme el visitante avance, el paisaje cambie sutilmente y se sienta más dinámico.
En las orillas y espacios complementarios, las flores secundarias —como cempasúchil, mano de pantera y alhelí— aportarán contrastes de color (naranjas, tonos más intensos y matices distintos), rompiendo la uniformidad del girasol y enriqueciendo la experiencia visual.
Además, por la forma en que están trazados los surcos, todo apunta a que habrá pasillos naturales entre las filas, lo que permitirá caminar dentro del cultivo sin dañarlo, generando esa sensación inmersiva: no solo ver el campo, sino estar dentro de él.
En conjunto, el resultado será un espacio muy fotogénico, ordenado pero vivo, donde cada rincón tendrá intención: desde la vista panorámica de los girasoles hasta los detalles de las flores complementarias.
El proyecto, que abrirá al público a partir del 10 de abril, forma parte de una visión más amplia: impulsar el turismo comunitario sin perder la esencia agrícola, integrando a la comunidad y mostrando el valor del campo sinaloense.
“Ahome Florece” no solo busca atraer visitantes, sino sembrar conciencia. En cada recorrido, la apuesta es que quienes lleguen se lleven algo más que fotografías: una nueva forma de mirar la tierra.
🌱 🌼 Donde la tierra no solo da frutos… también regala flores y esperanza.

